Cuando tu mente entra en modo supervivencia: qué es la respuesta de lucha, huida o bloqueo

respuesta de lucha huida como dejar de estar en modo supervivencia

Cuando hablamos de respuesta de lucha-huida (también denominada reacción de lucha, huida, congelación, hiperexcitación o respuesta de estrés agudo) nos referimos a un conjunto de reacciones automáticas que organizan el cuerpo y la mente ante una amenaza. Es lo más parecido que tenemos, por así decirlo, a un “modo superviviencia” y que, como verás a continuación, nos resulta muy útil a nivel psicológico para enfrentarnos a ciertas situaciones que percibimos como peligrosas.

Este mecanismo biológico funciona como un resorte cuyo propósito esencial es preservar nuestra vida. Seguramente, como les pasa a otros pacientes que vienen a nuestra clínica de psicología en Jaén, te preguntarás cuándo y cómo se activa esta reacción, qué efectos provoca en nuestro organismo y cómo modula nuestro comportamiento. Y también: ¿cómo dejar de estar en modo supervivencia​ cuando no está justificado por la situación?

En este artículo voy a tratar de explicarlo de manera sencilla, y además hablaré de algunas estrategias que se pueden aplicar para gestionar este tipo de respuesta cuando no se produce o cuando aparece con demasiada frecuencia.

¿Qué es la respuesta de lucha?

La respuesta de lucha es una reacción automática del organismo que forma parte de la respuesta de estrés agudo o de lucha-huida-bloqueo. Se activa cuando una persona percibe una amenaza y el sistema nervioso evalúa que enfrentarla activamente es la mejor opción disponible.

A nivel fisiológico implica la activación del sistema nervioso simpático y la liberación de adrenalina y noradrenalina. Esto produce un aumento de la frecuencia cardíaca, la tensión muscular, la focalización atencional y la preparación para la acción.

A nivel conductual se manifiesta con una actitud de confrontación, defensa activa o conducta orientada a eliminar el peligro. Su función es adaptativa: aumentar las probabilidades de supervivencia en situaciones de riesgo real. Sin embargo, cuando se activa en contextos no amenazantes o de forma desproporcionada puede resultar desadaptativa.

¿Cómo se activa la respuesta de lucha o huida?

La activación puede ser inmediata —debido, por ejemplo, a un peligro físico inminente— o subsidiaria: un recuerdo, una imagen, una señal social que el cerebro interpreta como amenaza también puede catalizar la reacción. Principalmente hay dos circuitos del cerebro implicados en coordinar la respuesta de lucha:

  • La vía simpática-adrenomedular, que libera adrenalina y noradrenalina en cuestión de segundos, prepara al organismo para la acción: corazón acelerado, respiración rápida, tensión muscular.
  • El eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), que libera cortisol en un plazo de minutos para sostener la disponibilidad energética y ayudar en la recuperación y adaptación a una respuesta prolongada.

Ambas vías interactúan con determinadas estructuras cerebrales —como la amígdala, el hipotálamo o el tronco encefálico— que evalúan la amenaza y seleccionan la estrategia más adaptativa: enfrentar (luchar), escapar (huir) o, cuando ninguna opción es viable, reducir el movimiento y la respuesta (parálisis, bloqueo o congelación).

¿Qué cambios produce en el organismo?

La respuesta de lucha implica una reorganización funcional que prioriza aquellas áreas o procesos urgentes que permiten abordar o confrontar la situación amenazante:

  • Cardiovascular: aumento de frecuencia y bomba cardiaca para mejorar el aporte sanguíneo a los músculos.
  • Respiratorio: respiración más rápida y superficial que aumenta la cantidad de oxígeno disponible.
  • Metabólico: liberación de glucosa y ácidos grasos para un consumo de energía inmediato.
  • Sensorial y cognitivo: focalización atencional en la amenaza, mejora de la memoria emocional y, en ocasiones, deterioro de funciones ejecutivas que dificultan el pensamiento abstracto y la toma de decisiones complejas.

Sistemas no prioritarios: procesos como la digestión y aquellos que regulan la inmunidad se inhiben temporalmente durante la respuesta de estrés.

Estos cambios son adaptativos a corto plazo. ¿Qué significa esto? Pues que tienen un fin muy concreto, y no es bueno que se mantengan de forma prolongada o crónica, ya que pueden contribuir a ka fatiga, alteraciones del sueño, problemas metabólicos y deterioro de la salud física y mental.

El bloqueo: una variante de la respuesta que a menudo se malinterpreta

El bloqueo o la paralización ante una situación amenazante es una estrategia defensiva con fundamento neurobiológico. Se disminuye la motricidad y la visibilidad en un contexto donde luchar o huir podría aumentar el riesgo.

Desde una perspectiva evolutiva, este tipo de respuesta puede haber incrementado las probabilidades de supervivencia en diversas situaciones. Este comportamiento puede confundirse con pasividad o sumisión, pero comprender adecuadamente los motivos que llevan al bloqueo es clave para una correcta intervención terapéutica en el ámbito clínico.

¿Por qué sigue siendo necesario este mecanismo?

Aunque la mayoría de las amenazas actuales son menos físicas que las de nuestros ancestros (entre ellas, podemos citar la presión laboral, los conflictos interpersonales, las experiencias que detonan recuerdos traumáticos…), la respuesta de lucha, huida o bloqueo sigue activándose en todos nosotros, ya que su función básica —proteger la vida ante cualquier riesgo— sigue siendo efectiva.

¿Cuándo se vuelve problemática?

El problema de hoy en día es que cuando el sistema se activa fuera de un contexto para el que sea útil o con demasiada frecuencia: entonces se puede caer en un comportamiento patológico.

  • Activación crónica: se experimenta un estrés sostenido que no permite la recuperación fisiológica.
  • Reactividad desproporcionada: se tienen reacciones exageradas ante estímulos de baja amenaza, como en trastornos de ansiedad.
  • Persistencia tras un trauma: la respuesta de lucha o huida que no se extingue tras experimentar un trauma o daño psicológico, puede desembocar en un trastorno por estrés postraumático, u otros cuadros incapacitantes.

Por todo ello, reconocer el umbral y la pauta de activación de cada paciente (qué señales desencadenan el modo supervivencia, qué conductas se llevan a cabo…) es un primer paso clínico esencial.

Recomendaciones para regular la respuesta de lucha, huida o parálisis

Cuando la respuesta de estrés se desencadena demasiado a menudo o sin control, hay varias estrategias de intervención temprana que permiten actuar sobre el sistema nervioso autónomo y la atención:

  • Respiración dirigida: las respiraciones lentas y controladas (por ejemplo, intercalar exhalaciones largas con inhalaciones más cortas) disminuyen la activación simpática y facilitan la entrada parasimpática.
  • Grounding o anclaje sensorial: las técnicas de conexión con el aquí y ahora (como nombrar estímulos sensoriales presentes) realojan la atención fuera de la amenaza percibida.
  • Movimiento y descarga motora: caminar, sacudir extremidades o realizar movimientos de seguridad ayuda a disipar la activación muscular.
  • Etiquetado emocional: nombrar la emoción en voz baja —«estoy muy asustado/a», «esto es ansiedad»— puede reducir la reactividad amigdalar favoreciendo el control cortical.
  • Búsqueda de confort social: la presencia de una figura segura o una breve intervención de contención puede acelerar la regulación de la reacción de huida, lucha o parálisis.

Estas técnicas son compatibles entre sí y pueden ser utilizadas por los pacientes como método de anticipación y gestión emocional.

Estrategias a medio y largo plazo

Por otro lado, para casos más serios o en los que el paciente tiene estos síntomas de forma desmedida, existen también terapias y tratamientos que pueden ayudar a controlar el estrés y la ansiedad a medio y largo plazo:

  • Entrenamiento en autorregulación: se pueden llevar a cabo prácticas regulares de respiración, ejercicio físico y hábitos para el sueño reparador, todo lo cual contribuye a aumentar la capacidad de recuperación.
  • Terapias psicológicas basadas en la evidencia: la terapia cognitivo-conductual (incluida la exposición gradual), la terapia focalizada en el trauma y otros enfoques específicos (por ejemplo, EMDR en algunos casos) han demostrado ser útiles para reducir la reactividad y procesar mejor la experiencia traumática.
  • Trabajo corporal y somático: las intervenciones que combinan el movimiento y la percepción corporal pueden ser especialmente útiles cuando la respuesta se manifiesta con fuerte componente somático.
  • Intervención farmacológica: en cuadros severos o crisis agudas, la medicación puede complementar la intervención psicológica. Su prescripción y administración, no obstante, debe ser realizada siempre por especialistas.

El enfoque terapéutico: ¿Cómo se trabaja en una sesión?

La reacción de lucha o huida que deriva en estrés o ansiedad crónica se debe analizar de manera personalizada para cada paciente, explorando las causas que la desencadenan y enseñando al paciente a aplicar medidas específicas según la forma en que manifiesta el estrés.

Entre las acciones que llevará a cabo el terapeuta, están:

  • Evaluar los patrones de respuesta e indagar si el paciente tiende a luchar, huir, bloquearse o alternar entre estos comportamientos.
  • Enseñar herramientas de fácil aplicación, como la incorporación de ejercicios de respiración y grounding como parte de la pauta terapéutica.
  • Tener pedagogía y un enfoque psicoeducativo, explicando la función adaptativa del sistema. Esto hace que el paciente deje de sentir vergüenza, se sienta comprendido y facilita el seguimiento de los ejercicios o pautas recomendadas.
  • Adaptar la terapia al patrón predominante: por ejemplo, incluir más trabajo somático cuando la activación es predominantemente corporal, o enfatizar las estrategias cognitivas cuando la respuesta suele ser de bloqueo.

Si sientes que tu sistema nervioso permanece activado con demasiada frecuencia, que vives en alerta constante o que tu cuerpo reacciona como si hubiera peligro incluso cuando sabes racionalmente que no lo hay, es importante no normalizar ese estado. La respuesta de lucha, huida o bloqueo puede regularse y trabajarse en un espacio terapéutico seguro. La intervención psicológica permite comprender qué activa tu modo supervivencia, recuperar sensación de control y aprender a responder de forma más flexible y adaptativa ante el estrés y la ansiedad. Pide cita presencial u online en nuestro centro de psicología en Jaén.

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Luís Navío​

Luis Francisco Navío Serrano, licenciado en Psicología por la Universidad de Granada, especialista en las técnicas de EMDR (Eyes Movement Desensitization and Reprocessing), MINDFULNESS e ICV (Integración del Ciclo Vital).

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